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Uno llega a una edad en que aprende a convivir con sus miedos, sus errores, sus inconsistencias y sus maldades. Llego a una edad, o más bien llego con la edad a un estado mental, en el que soy definitivamente consciente de que hablo de mí, todo el tiempo, con todo el mundo. “Je suis moi-même la matière de mon livre”, ni a tu servicio, ni para mi gloria, amable lector. Y seguramente las reflexiones que siguen cumplirán a rajatabla esas premisas. No creo que te sean de ninguna utilidad, y difícilmente me proporcionarán gloria ni fama.

Votar en unas elecciones europeas en 2014 es probablemente el reto político más arduo que me he autoimpuesto en mi vida, y les aseguro que ha habido unos cuantos, aparentemente más trabajosos. Es la primera vez en que el día de reflexión tiene sentido para mí. Reflexiono, pues, a partir de ciertas premisas, todas idiotas, que etimológicamente significa que andan entre lo personal y lo carente de sentido común. Descarto, pues, por ello, votar a un partido de derechas, (VOX, PP, UPyD…) aunque uno se sienta tentado, como algún otro por tuiter, de joder la marrana votando a VOX para contemplar después cómo el PP se autodestruye estirando cada uno de un lado de la cuerda conservadora-liberal hasta que ambas rueden por el suelo.

Descarto al PSOE. Alguna vez les he votado, lo confieso, aunque tampoco es que sienta excesivo pudor por ello. Pero sus carencias hoy en día lo sitúan más cerca de la derecha que nunca: Solo hace falta hablar con algún joven votante del PP para percibir que aquellos valores en torno a las libertades individuales y sociales en los que se fundamenta el partido en la etapa Zapatero y post-Zapatero son compartidos por ellos “sin acritud”, que diría aquel. Los jóvenes votantes del PP siguen votando a su partido a pesar de eso, porque les ofrece seguridad, atención, cercanía y calor humano, claves del éxito de NNGG. Las lagunas que hacen inoperativo al PSOE no se sitúan en ese terreno, sino en el del cambio de modelo político y económico de este país, en donde su indigencia intelectual, su aprisionamiento por parte de las redes económico-clientelares que rigen el país, y la falta de contacto con la realidad es absolutamente descorazonadora. Por poner solo un ejemplo, se anuncia de forma más o menos velada que tras estas elecciones se producirá una Grosse Koalition entre los dos grupos mayoritarios de la cámara europea (populares y socialdemócratas, obviamente), como consecuencia de su más que previsible pérdida de eurodiputados. Por un lado, eso supondría oficializar algo que ya se da de facto, y que nos ha traído hasta estos lodos. Segundo, que mi almita reformista todavía podría soportarlo si la coalición sirviera para implementar medidas como las que intelectuales alemanes y franceses de uno y otro bloque han propuesto recientemente. Pero, qué quieren que les diga, tiene toda la pinta de que se producirá, precisamente, para evitarlo. En cualquier caso, sobre eso el PSOE no ha dicho ni mu. Puede que si la oposición de izquierdas fuese más fuerte en europarlamento se lo plantearan, siquiera por neutralizarla. Ay, mis sutilezas del alma…

Vayamos a la izquierda, pues. Ya me dio un ataquito de risa el otro día cuando me metí en una app de la unión europea en la que, contestando a algunas preguntas, se te devolvía un output con tu afinidad en porcentaje por los partidos políticos que se presentaban, y como primer partido del rànquing se me señaló a Esquerra Republicana de Catalunya. Era evidente que mis sutilezas del alma no podían ser procesadas informáticamente. No soy partidario de la independencia de Catalunya (por las mismas razones que Raimon, básicamente) pero eso no quita que correría a pedir el pasaporte catalán si eso llega a ocurrir. Y la otra es que a mí, las grosse koalitionen, como ya he dicho, me las tienen que justificar mucho, mucho, mucho. Especialmente la de CiU y ERC, que no deja de ser una bajada de pantalones para que te la hinquen con la austeridad mientras me la pones dura con el fet nacional. Pues como que no, que mis gustos político-sexuales son ligeramente más perversos y ligeramente más sofisticados.

Venga, que ya nos van quedando poquitos. De hecho, solo tres. Pero claro, a medida que nos vamos acercando a una conclusión, si tal cosa existe, las distinciones implican matices más complejos, o en cualquier caso justificaciones más cuidadosas para no ofender a gente a la que aprecio. En mi contexto social, el País Valenciano, una opción “decente” es Compromís-Equo (Primavera Europea), una coalición nacionalista-progresista-verde muy en la línea soft que caracteriza al grupo político europeo en el que se integrará. Si lo miro en clave interna, han realizado una oposición al PP mucho más intensa, extensa y visible que el PSPV-PSOE, con algunos éxitos sonados, como el procesamiento de los responsables del agujero económico de la extinta RTVV-Canal 9. Ello les situa en condiciones inmejorables para ser un actor fundamental en el cambio de las mayorías de poder en este mi pequeño país. Mi problema, no obstante, es que la pata progresista del trípode cojea, más allá del catalanismo cultural con el que comulgo, aunque en ocasiones en pecado. No les he leído ni una sola propuesta económica fundamentada más allá de bonitas declaraciones de intenciones, más allá de propuestas circunstanciales para problemas circunstanciales, y eso tanto para el País Valenciano como para Europa. Honradez y ganas no les faltan, pero eso no hizo de Zapatero un buen presidente. Y, carente por completo de alma obrera, las constantes apelaciones poéticas, durante la campaña, a la primavera que está por llegar, o las obviedades como la insistencia en una política “para las personas” (¿para quién, si no?), o los morreos forzados entre candidatas para destacar su lado gay friendly puede que aplaquen nuestro corazoncito de clase media, pero ponen de manifiesto un conocimiento bastante deficiente de la realidad, que desemboca en ocasiones en un clasismo insoportable.

¿Qué opciones me quedan? Pues únicamente las dos que tienen opciones de conseguir eurodiputado, o eurodiputados, y que se inscribirán en el Parlamento Europeo en el grupo de la Izquierda Unitaria Europea. Porque, en realidad, me apetece más votar por Die Linke o por Syriza que por cualquiera de los partidos españoles. Así que me debato entre el postcomunismo muermo y el neomaoísmo. A mi edad. Por Dios.

Deduzcan ustedes mismos, pero les advierto que tengo el ánimo retozón, y me apetece divertirme.